Contar la historia del niño miedoso que un día fuiste, meterte de regreso en su cabeza, supone enfrentar monstruos que creías derrotados, sólo porque la infancia terminó y les diste la espalda.
Pero están en tus sueños y acechan tus recuerdos. Te conocen y saben que te duelen. La pregunta sería: ¿De quién son mis recuerdos? ¿Me pertenecen o les pertenezco?
Escribir este libro fue una manera de tomar posesión de aquella historia que durante muchos años quise contar. Una íntima gesta de exorcismo que se llevó consigo las pesadillas y me dejó entender cuán fuerte y poderoso era aquel niño raro y cobardón.
X.V.