Estoy a siete días de cumplir catorce años y he sido oficialmente declarado el peor alumno en la historia de la escuela, delante de doscientos condiscípulos que se tuercen de risa a mis costillas.
Si un día emprendía el relato de esos años, tendría que empezar precisamente ahí, en el punto más bajo de la tragicomedia adolescente que aquí cuento.
Perdí a mi madre mientras escribía el segundo capítulo. A partir del tercero la traje de regreso: magia del corazón. Invertí el 2011 en revivir aquellos años agridulces, y al cabo descubrí que Alicia, mi mamá, era la heroína de mi historia, a cuyos sinsabores infinitos sobrevivimos sabría el diablo cómo.
X.V.