Canalla, rufián, granuja, miserable, malvado, malnacido, bellaco, golfo... Tales son los sinónimos que ofrece el diccionario para “sabandija”. En el preciso caso de esta novela, todos dan más o menos en el clavo.
Dos pasados de lanza, el Ruby y el Roxy, recorren los festivos años ochenta librando de milagro la cárcel y el panteón, rodeados y a menudo perseguidos por un elenco de gentuza rara vez menos sabandija que ellos.
Escribir esta historia ochentera y chilanga fue verme deleitosamente inmerso en la década libertina por excelencia, cuando no había web, ni celulares, ni cámaras en las calles. El edén mismo, para ser exacto.
X.V.